viernes, 12 de diciembre de 2014

lunes, 13 de diciembre de 2010

San Nicasio, obispo y mártir


En Leganés, con la llegada de octubre llegan las fiestas de San Nicasio que celebramos con regocijo y alborozo en honor de nuestro santo patrón, pero a buen seguro que muchos también lo celebramos con desconocimiento de quién era este buen hombre. Pues a pesar de tratarse del santo patrón de Leganés desde tiempos inmemoriales es muy poco conocido en general; y aunque cuenta con una Hermandad desde hace más de quinientos años y es venerado por muchos lugareños tiene un escaso arraigo popular, como demuestra que en España existan apenas 3.300 personas que porten ese nombre. Y todo ello, empero de tratarse de un santo muy milagrero, pues según un documento del archivo de la iglesia de Regnes nada más y nada menos que “cura la desintería, calenturas, romatismos, miembros rotos, da abla a mudos, postemas, fluxo de sangre, sangre lluvia y resucita muertos (el subrayado es mío).

Para empezar hay dos San Nicasio con vidas muy similares, los dos son venerados en Francia, los dos fueron obispos, uno, de Rouen (el de Leganés) y otro de Reims, ciudades, además, muy cercanas entre sí, los dos murieron decapitados, los dos hicieron “cosas inverosímiles” después de perder la cabeza, los dos fueron martirizados conjuntamente con fieles seguidores,... En definitiva, muchas coincidencias que hacen pensar en un mismo mito caído en desuso y revitalizado más tarde por la imaginería cristiana. Incluso san Dionisio (Saint Denis, patrón de París) tuvo una vida y muerte muy parecida a estos “San Nicasio”. Las grandes diferencias entre el San Nicasio de Rouen y el de Reims radican en el origen: el de Rouen era griego, ateniense para más señas, y el otro era galo; la época: el “nuestro” anduvo en este terrenal mundo por el siglo I, y el segundo en el V; y en sus verdugos: así, al primero lo mataron los romanos y al segundo los vándalos o los hunos (en esto, como en el año, hay discrepancia). Pero la diferencia más clara es que el San Nicasio de Rouen se celebra el 11 de octubre y el de Reims el 14 de diciembre.

Nicasio es un nombre griego derivado del nombre de la diosa helena de la victoria: Niké (Νίκη). Y su significado es “El Victorioso”, “El Triunfante”. Comparte etimología con Nicanores, Nicetos, Nicandros, Nicomedes y Nicolases y significado con Victores y Vicentes. Según algunos autores San Nicasio era discípulo de Dionisio de Areopagita convertido al cristianismo por San Pablo y que para muchos erróneamente era el mismo San Dionisio obispo de París y que antes lo fue de Atenas y que murió decapitado en Montmartre junto con sus discípulos San Rústico y San Eleuterio, lo que no parece que sea lo más acertado.

Todo indica que Nicasio era un seguidor de los areopagitas atenienses pero que no conoció a San Pablo y que viajara a Roma a finales del siglo I y desde allí el papa San Clemente le enviara a predicar la buena nueva a la Galia como obispo de Rouan, entonces unas de las ciudades más prósperas de esa provincia romana. La tradición católica le hace peregrinar por gran parte de Francia en dirección a Rouan, adonde, por cierto, nunca llegará. En el camino es incontable el número de conversos que va haciendo a su paso y de los grandes milagros que obra. Entre estos destaca la victoria sobre un dragón (como haría después, en el siglo IV, San Jorge; que también murió decapitado, por cierto) que tenía aterrorizados y subyugados a los habitantes de la región de Pontoise, al norte de la actual París, o la expulsión de una caterva de demonios que moraban en una caverna en esa misma zona normanda.

El caso fue que las andanzas de Nicasio y de sus fieles discípulos Escubículo y Quirino, dieron que hablar y el gobernador romano de Lutecia los mandó apresar. Después de negarse los santos varones a venerar a Marte fueron martirizados hasta que finalmente se ordenó su muerte por decapitación en la ciudad de Écos. Lo más curiosos de la historia y lo verdaderamente inusual se produjo tras este suceso, pues cuenta la tradición católica que Nicasio una vez que perdió la cabeza se agachó, la cogió con sus propias manos y se lanzó a la carrera como si fuera el zaguero de la selección francesa de rugby. Atravesó sembrados, ascendió colinas y cruzó ríos, hasta que llegó a Gasny situada a una decena de kilómetros, donde, no sabemos si como fruto de la pérdida de la cabeza, por puro agotamiento o porque creyó llegar a la línea de ensayo, cayó al suelo y exhausto depositó su cabeza en el lugar donde después se alzaría un templo en su honor y memoria.


Evidentemente existe otra versión más racional pero menos lírica. Con toda seguridad los restos de los santos decapitados fueron arrojados como alimentos de fieras y alimañas para mayor escarnio y advertencia para los que negaran la religión oficial de Roma. Parece ser que algunos cristianos capitaneados por una joven llamada Pience y por un sacerdote pagano convertido al cristianismo llamado Clair de Beauvais, robaron los despojos y los enterraron en lugar seguro, donde con el paso del tiempo se construyó un templo y el priorato benedictino de San Nicasio que alcanzó un gran apogeo económico fruto de la tradición que nos dice que San Nicasio siguió obrando milagros después de su muerte. Así, en siglo XI aparecieron los que algunos decían que eran restos del santo, para comprobar su santidad se decidió quemarlos, y milagrosamente no sólo no ardieron las reliquias,... ni tan siquiera se chamuscó el paño que las envolvía. En el siglo siguiente el santo se las ingenió para poner en evidencia al noble del lugar que había suspendido el derecho que la iglesia de San Nicasio en Gasny tenía en el mercado local y además no había cumplido varias promesas con la parroquia, y, así, impidió que sus restos se sacasen en rogativa a pesar de utilizar para ello las fuerza de veinte hombre y otras tantas bestias, hasta que el conde del lugar pidió perdón y subsanó sus tropelías con la iglesia del santo.

A partir de aquí fue un no parar: curó de calenturas cuartanas (paludismo) a un joven belga; a otra mujer la curo de una hemiplejía con tan sólo el roce de las reliquias; un anciano ciego recuperó la vista; a otro joven le sanó los huesos rotos de brazos y piernas; llegó incluso a curar a un niño que había nacido ciego, sordo y mudo. Pero el milagro más sonado fue el que realizó con una joven llamada Elena que cayó muerta de repente en la iglesia, allí quedó su cuerpo para recibir sepultura y el párroco dirigió una oración pidiendo auxilio a los santos mártires; cuando volvieron a enterrar el cuerpo de la joven asombrados descubrieron que estaba vivita y coleando y dando gracias a San Nicasio que se le había aparecido y “después de mostrado el lugar lleno de delicias, le mandó que se bolbiesse a la casa de sus padres”. De todas formas el santo no estaba para bromas, pues se cuenta el caso de que después de curar a una niña de una inflamación en los pies que le impedía andar, sus padres no cumplieron con la ofrenda anual que le prometieron al santo y este no se cortó y la inflamación volvió a los pies de la niña en el doble de su tamaño, tras el arrepentimiento de los padres el santo repitió el milagro; parece que ya nunca se les olvidó el voto.

Se trata de un caso evidente de propaganda milagrera que busca que los fieles depositen sus esperanzas y sus ofrendas en el santo local y contribuyan así al engrandecimiento de la parroquia. No les debió de ir mal a los benedictinos si la fama de este santo llegó a Leganés, entonces una pequeña aldea castellana de labriegos y hortelanos que pusieron su fe en este santo con la confianza de que les protegería de las fiebres e infecciones tan frecuentes en un lugar tan legamoso. No sabemos a ciencia cierta el momento de la advocación a este santo si bien la primera referencia documental aparece en las Relaciones de Lorenzana, en 1580, donde se dice que el lugar “tiene voto de guardar el día de señor San Nicasio que votaron los antiguos de él por la pestilencia que un tiempo dicen haber habido”, lo que si está confirmado que desde inicios del siglo XVII existe una Cofradía en el lugar encargada de mantener el voto al santo.

La imagen del santo que se pasea en procesión por Leganés tiene poco que ver con la iconografía tradicional que nos presenta a este santo decapitado y sujetando su propia cabeza, representación que se repite con varios santos lo que seguramente ha llevado a algunos a confundir al Sant Denis representado en al catedral de París con nuestro San Nicasio. De todas formas, el santo, de alguna manera se sale con la suya, al esconder la cabeza cuando pasa por debajo de la vía, en el “puente de Simago”, en su anual paseo por las calles de Leganés.

Pero en esto de estatuas,... ¿Qué decir Sobre la que realizó Miguel Zapata en honor de San Nicasio y que está situada en la cercanía de la iglesia? Está más cerca de la imagen de un fiero guerrero de la antigüedad que de un benévolo obispo; la capa magna parece una pesada adarga, el báculo obispal una amenazadora pica, y la mitra... ¿es o no es clavadita a un casco de guerra griego? Yo la llamo “Nicasiator”.



Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 11, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. San Nicasio, obispo y mártir. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/12/05/san-nicasio-obispo-y-martir//). 2010

¡A las barricadas! La CNT cumple cien años.


El pasado 29 de noviembre se cumplieron 100 años de la constitución de la Confederación Nacional del Trabajo en el palacio de Bellas Artes de Barcelona. Lo primero que llama la atención es el nulo eco que esta efemérides ha tenido o está teniendo en los medios de comunicación social, si bien hay que decirlo, que en consonancia con la escasa incidencia que el histórico sindicato anarquista tiene en la actualidad en la sociedad española. Pero aún reconociendo esta escasa presencia el panorama político y sindical no deja de ser significativo el olvido sino a su trascendencia actual a su valor histórico dentro de la Historia del Movimiento Obrero en particular y de la Historia de España en general. La CNT llegó a ser, junto con la UGT, la mayor fuerza sindical de la España de las primeras décadas del siglo XX. Tanto, que es imposible comprender ese periodo histórico sin conocer cual fue el papel que la CNT jugo en cada momento.
El sindicato es heredero directo de los sindicatos anarquistas “Solidaridad Obrera” que decidieron en el congreso de Barcelona de 1910 conformar una nueva fuerza sindical de ideología anarcosindicalista y de carácter nacional que se convirtiera en alternativa al sindicalismo socialista de la UGT. Pero hay que decir que la presencia del anarquismo como corriente y pensamiento político estuvo presente en España desde 1869 tras la formación de la sección española de la Primera Internacional en Barcelona y al año siguiente en Madrid. Después los dispersos grupos anarquistas se organizaron bajo distintas formaciones: Federación de Trabajadores de la Región Española, Federación Regional de Resistencia de la Región Española, y ya en el siglo XX en la más conocida Pacto de la Unión y Solidaridad Obrera, dando lugar a los sindicatos “Solidaridad Obrera” que se agruparon en la Confederación Regional de Solidaridad Obrera.
El empuje intelectual de la nueva formación se debe en gran parte a los redactores del periódico “Solidaridad Obrera” (La soli) José Prat y Ricardo Mella y se basaba en los principios clásicos del sindicalismo revolucionario. Así en una de las resoluciones del congreso fundacional se establece que uno de los objetivos de la nueva organización es: “apresurar la emancipación económica de la clase trabajadora a través de la expropiación revolucionaria de la burguesía”.


Tras varios altibajos y periodos de ilegalización, el sindicato anarquista alcanzó su mayor esplendor en la guerra civil, pero ya en 1923 sus dirigentes afirmaban contar con más de 700.000 afiliados en toda España tras su exitosa participación en la huelga general de 1917 convocada conjuntamente con la UGT. La CNT supo mantener una gran independencia respecto de los partidos políticos hasta el final de la guerra civil, en contra de lo que había pasado son otros sindicatos revolucionarios occidentales (la CGT francesa, la CGL italiana o la IWW estadounidense,...), que cayeron pronto bajo la influencia de los Partidos Comunistas o Socialistas. Independencia que aún hoy mantiene y que es uno de sus mayores logros pero a la vez una de las razones de su actual posición marginal dentro del movimiento obrero español.
La feroz represión franquista dejó absolutamente esquilmada a la organización anarcosindicalista y con la llegada de la democracia no supo o no pudo, víctima de sus propios planteamientos revolucionarios, aceptar la reforma política como mecanismo válido para sus fines, quedándose fuera del pacto democrático de la transición. La ciudadanía y el movimiento obrero de entonces rechazaron decididamente la ruptura, pues la incertidumbre de esta opción les llevaron posiciones posibilistas en contra de las revolucionarias.


Además, una nueva fuerza sindical había nacido de una forma arrolladora dentro del país en los años de la dictadura: las Comisiones Obreras. Esta nueva organización sindical sí supo y pudo conjugar los anhelos revolucionarios con las posibilidades reales de cambio y se convirtió así en al fuerza hegemónica del movimiento obrero en los últimos años del franquismo, papel que tuvo que compartir con la UGT una vez que el sindicato socialista pudo reorganizarse.
La CNT quedó relegada a un segundo plano y se convirtió en la voz de los grupos más radicales que la llevaron a posiciones cada vez más minoritarias y marginales. En estos momentos desarrolla su labor en dos campos fundamentales, por un lado las luchas sindicales, de las cuales hay muestra de su actividad en el conflicto que mantiene con la Mercadona o en el importante papel que jugó en la última huelga del metro de Madrid; y, también, dando cobijo a los movimientos antiglobalización y antisistema, en muchos casos en sus facetas más radicales y violentas, y que son de difícil comprensión de por sí y aun más por una sociedad tan mediatizada como la nuestra.
Como decía al inicio, por la importancia de esta organización en nuestra historia reciente, es difícil entender el olvido institucional y sobre todo mediático a su centenario, tan sólo puede entenderse por lo incómoda que es la CNT para el poder establecido, tanto por su historia como por su situación actual, y por el propio radicalismo del que hace gala el sindicato anarquista que le aleja mucho del sentir actual del movimiento obrero.
Cuando estaba escribiendo este post llegó la noticia de la muerte de Marcelino Camacho, fundador de CC.OO. y figura imprescindible para entender el sindicalismo y el movimiento obrero español en la actualidad, quien destacó por su entrega y compromiso a lo largo de toda su vida. Sirva este post como humilde homenaje a su persona y a su ejemplo.

Video con el himno del sindicato. ¡A las barricadas!



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© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. ¡A las barricadas! La CNT cumple cien años. http://elartedelahistoria.wordpress.com. 2010

miércoles, 13 de octubre de 2010

Doña Urraca, primera reina de Castilla. Una mujer maltratada.

La reina Urraca de León y de Castilla fue la primera mujer que ejerció de forma efectiva el papel de reina “propietaria” en España (entendiendo España como el territorio ocupado por los distintos reinos cristianos ibéricos durante la Edad Media, de la misma forma que entendieron este concepto los que vivieron esa época), y se trata de un personaje verdaderamente insólito en la Historia del medioevo hispánico, por su condición femenina y por la incidencia que tuvo en los hechos históricos de su época como por las controversias que su persona ha generado después. Sufrió el maltrato físico y psíquico de su marido e incluso de sus súbditos, pero demostró también una fuerza y una determinación indomable que la llevo a ser de nuevo maltratada por al Historia.

En purita verdad no fue la primera, pues su abuela Sancha fue reina “consorte” de Castilla (merced a su matrimonio con el segundo hijo del rey Sancho de Navarra: Fernando, a quien el rey navarro le dio como dote el condado de Castilla, que pertenecía a su mujer la condesa Muniadona Sánchez, y los territorios usurpados al reino de León entre el Pisuerga y el Cea, con el título de reino de Castilla, convirtiéndose así, en 1032, en los primeros reyes castellanos), y además reina “propietaria” de León tras la muerte sin descendencia de su hermano, el rey Bermudo III (guerreando con Fernando I de Castilla, precisamente). Pero no llegó a ejercer de forma efectiva el reinado ya que fue su marido Fernando I el ungido y coronado como rey de León en 1038. Con este pequeño botón queda claro el monumental lío existente entre las familias reinantes de León, Castilla y Navarra, y, a través de esta última, también con Aragón.

Pero esto es baladí con el guirigay que se monta unos años después tras la,… Pero volvamos al tajo y a nuestra Urraca. Contaba nuestra reina entre sus bisabuelos con un rey de Navarra, un rey de Aragón, una condesa de Castilla y un… ¡rey de Francia! Por pedigrí que no falte y teniendo como modelo a su padre, Alfonso VI, no debían faltarle ni mala leche ni una libido desenfrenada. Baste recordar que entre otras lindezas su padre tuvo cinco esposas legales (Inés de Aquitania, Constanza de Borgoña, Isabel de Francia, Berta de Toscana y Beatriz de Este), otra que no se sabe muy bien si fue concubina o esposa legal (Zayda, hija del rey moro de Sevilla, llamada Isabel tras el bautismo) y un número incierto de amantes entre al que destaca Jimena Núñez, (eso sin contar los escarceos de un solo día que en su vida tan azarosa no debieron ser pocos); y respecto a la mala leche tan sólo recordar que fue acusado por las lenguas de doble filo de instigar la muerte de su propio hermano (Sancho II de Castilla) para hacerse con el reino castellano.

Con estos orígenes no es de extrañar el apodo con el que pasó a la posteridad: Urraca “La Temeraria”. Como veremos la historiografía tradicional, haciendo gala de su vena más misógina, nos ha presentado su figura como modelo de lo que no debía ser una mujer, incluso se la reconocen “meritos” que serían de alabar en un hombre pero reprochables absolutamente en una mujer. Las mujeres, como hijas de Eva, encarnaban la debilidad y la concupiscencia y las hacían inferiores al varón y necesariamente estar unidas a ellos para atenuar su apetito interior. Pero esta visión tan machista es a todas luces parcial y no debió corresponderse fielmente a la realidad, dando lugar a una figura histórica muy controvertida.


En la edad media la mujer estaba lastrada por el tópico de la debilidad y la dependencia del hombre, por eso siempre atrajo la atención la habilidad, el carácter y la determinación de la reina Urraca. Seguramente su personalidad y las circunstancias históricas del momento favorecieron a que fuera el eje de innumerables intrigas políticas y dinásticas, todas ellas cargadas de traición, amor, pasión, engaño,... Era esta mujer hija primogénita de Alfonso VI de Castilla y de Constanza de Borgoña y debió nacer en León allá por el año 1081. Contrajo matrimonio en primeras nupcias (con apenas doce años) con el conde Raimundo de Borgoña de quien nacería el futuro Alfonso VII en 1105.

Urraca se convierte en la única heredera a los tronos de León y de Castilla tras la muerte de su hermanastro Sancho en la batalla de Uclés en 1108. La ocasión la solemniza Alfonso VI en Toledo poco antes de morir cuando convoca una Curia en esta ciudad para proclamar a su hija como sucesora. Urraca jura en el Alcázar de Toledo sus deberes y obligaciones como futura Reina de Castilla y León.

Urraca era viuda desde hacía un año y en consecuencia quiso su padre casarla con el monarca aragonés Alfonso el Batallador, intentando vanamente con un marido foráneo evitar disputas ente leoneses y castellanos y garantizar la defensa de sus reinos de la amenaza almorávide. Las bodas tuvieron lugar en Monzón de Campos en 1109 con la decidida oposición de la nobleza castellana y de ella misma que llegaría a decir:

Me vi forzada a seguir la disposición y arbitrio de los grandes, casándome con el cruento, fantástico y tirano rey de Aragón. El cual, no sólo me deshonraba con torpes palabras sino que muchas veces mi rostro fue manchado por sus sucias manos y golpeado por su pie.


Desde el mismo momento que Urraca accede al trono demuestra una voluntad férrea en conservar para sí y para su dinastía los reinos heredados de su padre. Y al poco tiempo la discordia por las disputas territoriales rompió su matrimonio que dio origen a continuos enfrentamientos entre castellanos, leoneses y aragoneses. Las capitulaciones preveían que todos los reinos del matrimonio pasarían al heredero común, lo que dejaba fuera de la sucesión de León y de Castilla a Alfonso Raimúndez (hijo de Urraca y futuro Alfonso VII como ya he señalado) que merced a la dote de su madre era el conde de Galicia. Esto supuso una seria oposición de los prelados gallegos encabezados por el obispo Gelmírez que no querían perder los privilegios obtenidos y de otros nobles que buscaban la formación de un reino independiente en Galicia en favor del hijo de Urraca. Esta primera revuelta fue aplacada con furia por el Batallador.

Por otro lado, el rey aragonés no podía entender como la reina, que tenía dos hijos de su anterior matrimonio, aún no había engendrado uno suyo, que acapararía los reinos castellano y aragonés y se convertiría en el rey más poderoso de la península. Y este pensamiento le consume. Además, las discrepancias afloraban por doquier; se cuenta que Urraca liberó en Huesca a un buen número de nobles árabes que Alfonso de Aragón tenía como rehenes sin consentimiento de su marido. La violenta reacción del aragonés no tarda en llegar y después de maltratar furiosamente a la reina, llegando incluso a pegarla una paliza él mismo, la manda encerrar en la torre del castillo de El Castellar, de donde puede huir refugiándose finalmente en Burgos.

Estamos ante una guerra civil abierta en la cual, en general, baja nobleza castellana y leonesa apoyaba al monarca aragonés, mientras la alta nobleza y los prelados a la reina castellana y al frente el conde de Candespina, Gómez González, y el arzobispo de Toledo, Bernardo de Sédirac. El Batallador penetró con un potente ejército en Castilla y tomó importantes ciudades leonesas y castellanas: Palencia, Burgos, Osma, Orense, Toledo, donde depuso al arzobispo, y Sahagún, donde la reina estaba escondida en un convento que es saqueado por el aragonés.

Al final, Urraca pudo refugiarse y hacerse fuerte en el castillo segoviano de Candespina, propiedad del conde Gómez González, desde donde la reina recabará todos los apoyos posibles, llegando a entrevistarse con Jimena Díaz, la viuda del héroe castellano por excelencia: El Cid. Tras una corta estancia en Toledo, Alfonso de Aragón dirigió su ejército hacia el cuartel general de la reina Urraca en Segovia produciéndose una cruenta batalla el dos de abril de 1111 en Candespina, en la cual los aragoneses infligieron una severa derrota a las tropas fieles a Urraca. Hay que señalar que en esta ocasión el Batallador estuvo apoyado por los condes de Portugal, nada más y nada menos que la propia hermana de Urraca: Teresa que pretendía, y al final lograría, la independencia de Portugal. Por si faltaba algo que liara más la madeja.

Tras este suceso se produjo una sorprendente reconciliación entre Urraca y Alfonso en Carrión, en la cual los condes portugueses tienen que renunciar a sus elevadas pretensiones (pedían en pago de su ayuda nada más y nada menos que el reino de Toledo). Parece ser que esta reconciliación fue meramente circunstancial, pues apenas unos meses más tarde, la reina que no se fiaba en absoluto de su marido, decidió apoyar los movimientos secesionistas de Galicia en favor de su hijo Alfonso Raimúndez que es coronado (con siete añitos) como rey de Galicia en septiembre de ese mismo año. El Batallador comienza una nueva campaña de castigo contra Urraca que con treguas y hostilidades durara hasta 1114.

Un año antes se había producido la que sería la última “reconciliación” entre Alfonso y Urraca, que según cuentan las crónicas se vino al traste por la ingerencia de Teresa (recordemos: condesa de Portugal y hermana de Urraca) que malmetió al rey con la inventada conjura de que su hermana pretendía envenenarle. En estas, Alfonso de Aragón decide abandonar sus aspiraciones territoriales y pedir la nulidad de su matrimonio (a lo que se había negado hasta entonces) y repudiar a Urraca, lo que consigue en el Concilio de Palencia de ese año merced a una dispensa del papa Pascual II.

Parecería que una vez superado este infausto matrimonio la cosa se sosegaría, pero para nada. Urraca, una vez liberada de la atadura matrimonial, decidió reinar en solitario si bien no le faltaron amantes, entre los que hay que destacar a su privado el conde Pedro González de Lara de quien tuvo dos hijos. Según cuentan las crónicas, Urraca quiso casarse con este conde pero fueron los nobles y ricos hombres castellanos los que impidieron el matrimonio.

En el mundillo político la cosa tampoco fue bien: enfrentada a Portugal, Navarra y Aragón; con los musulmanes aprestados en la frontera del Tajo; con los grupos burgueses y de la baja nobleza de sus reinos apoyando, en algunos casos abiertamente, a Alfonso de Aragón; y con la enemistades que generaba su privado Pedro de Lara, la situación era poco esperanzadora. Pero lo peor estaba por venir aún de Galicia. Tras haber apoyado la independencia de este condado en la figura de su hijo Alfonso, la reina quiso apartarlo de la influencia de la nobleza y del clero gallego. A tal fin, en 1115 puso cerco militar a la ciudad de Santiago de Compostela. Diego Gelmírez, obispo de Santiago, y el levantisco Pedro Froilaz, conde de Traba, pactan una rendición con Urraca y durante la entrevista que mantienen se produce uno de los hechos más sorprendentes de la Historia de España y que aún hoy nos deja estupefactos.

Durante la reunión en el palacio obispal se produce una revuelta popular y la población se amotina. La reina se ve sorprendida por la turba y fue golpeada y humillada sin piedad, hasta que fue arrojada desnuda a un barrizal donde fue vejada y hasta dicen que con algún conato de lapidación.

Así lo cuenta Jerónimo de Zurita:

La cogen y arrojándola al suelo en un lodazal, arrebatándolos como lobos, hacen jirones sus vestidos, hasta tal punto que los pechos abajo quedó en el suelo con el cuerpo vergonzosamente desnudo y a la vista de todos. Llegó el obispo donde yacía la reina en el fango, pisoteada por las turbas de los agresores y viéndola tan feamente desnuda y postrada, transido de dolor, pasó de largo.


Y así Enrique Flórez:

Ya no se tenía respeto a nada. No le valió a la iglesia del Apóstol su sagrado. Pusiéronla fuego. Y viendo arder el templo, ¿qué seguridad esperarían la reina y el prelado? Saliéronse del palacio. Refugiáronse a la fuerza en una torre. Saquearon el palacio los tumultuados. Atreviéronse a dar contra la torre donde estaban la reina y el prelado. Ciegos ya, clamaban descubiertamente por su muerte. Ponen fuego a la torre. Dispónense los sitiados a morir. El obispo confesó a la reina y compañeros. No hubo más racionalidad en el monstruo de la sedición, que permitir que saliese la reina. Salió esta obligada por el prelado, y recibida seguridad sólo la halló en la vida. Perdiéronla el respeto. Arrojáronla en el suelo. Y en semejante desorden se debe extrañar más lo que no hicieron.


A pesar de lo crítico de la situación la reina pudo huir y salvar milagrosamente la vida. La ciudad pagaría caro este atrevimiento, pues una vez al mando del ejército sitiador tomó la ciudad al asalto y desencadenó una feroz represión. De cualquier forma sus enfrentamientos con los partidarios del conde de Traba no cesaron hasta su muerte, a pesar de que en 1117 firmó el pacto de Tambre que convertía a su hijo Alfonso Raimúndez en rey de Toledo (fue coronado en 1118) y de Galicia, y garantizaba su sucesión en los reinos de León y de Castilla (lo que sucedió en 1126). Tampoco cesaron los enfrentamientos con el rey aragonés con resultados dispares, pues si bien Urraca tuvo que ceder en 1122 varias localidades castellanas y renunciar a sus derechos sobre la taifa de Zaragoza a cambio de la renuncia de El Batallador al trono castellano leonés, pudo en 1124 reconquistar Sigüenza parando definitivamente la expansión aragonesa en Castilla, de igual forma que algunos años antes, con la recuperación de Zamora, replegó las ambiciones de su hermana Teresa de Portugal.

La reina Urraca murió de parto (de un tercer hijo del conde Pedro González de Lara) a los 45 años de edad en el castillo de Saldaña (Palencia), el 8 de marzo de 1126. Por expreso deseo suyo fue enterrada en el panteón real de San Isidro en León.

A lo largo de toda su vida intentó hacerse respetar por sus súbditos y se dice que cuando se sentía desobedecida gritaba: "¡El rey soy yo!". Llegó a titularse Totius Hispaniae Regina (Reina de Toda España) en consonancia con el titulo imperial que lució su marido hasta la anulación matrimonial: Alfonsus Gratia Dei Imperator de Leone et Totius Hispaniae Rex. Lo cierto es que de haber prosperado esta unión dinástica hubiera supuesto la unificación en un solo rey todos los reinos cristianos de España (incluido Portugal que no alcanzaría su independencia de “iure” hasta 1143).

La figura de Doña Urraca no ha sido bien tratada ni por la historia ni por la literatura. Las múltiples luchas entre Urraca y sus familiares (esposo, hermana, hijo), con los nobles, con el clero,... fueron el contexto idóneo para conformar la visión tan negativa que hemos recibido de esta reina de Castilla y de León a través de unas fuentes históricas, principalmente la Historia Compostelana y la Crónica de Sahagún, muy parciales. Descrita como una mujer ambiciosa y sin moral, al igual que otras figuras malditas de la historia de Castilla como Pedro I El Cruel, la vida y la personalidad de la reina doña Urraca está sometida desde hace algún tiempo a una profunda revisión historiográfica.

Referencias en la red:

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Doña Urraca, primera reina de Castilla. Una mujer maltratada http://elartedelahistoria.wordpress.com. 2010

(OGH29H)

domingo, 13 de junio de 2010

Rodrigo, el último rey de los godos


La caída del reino visigodo en manos de las hordas musulmanas del norte de África fue de todo punto muy sorprendente, en particular por la rapidez y facilidad con que se produjo. Hay que considerar que el imperio romano necesitó doscientos años en someter a la península ibérica desde que Cneo Escipión pisara las tierras de la desembocadura del Ebro hasta que el gran Augusto diera por terminada la conquista en el año 17 tras someter a las tribus cántabras y vasconas. Lo mismo hay que decir de la Reconquista posterior de los reinos cristianos, que les llevó nada más y nada menos que la friolera de 800 años recorrer el camino de Covadonga a la Alambra.

Bien al contrario, los musulmanes conquistaron toda la península en apenas ¡9 años!: en el 711 pisaron en Algeciras tierras ibéricas por primera vez, y en el 720 conquistaron Narbona, entonces frontera septentrional del viejo y aniquilado reino visigodo, más allá de los Pirineos. Los musulmanes quisieron ir más allá pero los francos resistieron el envite y Carlos Martell pudo situar en Potiers el punto máximo de la penetración musulmana en Europa en el 732. No se verá algo parecido hasta que los castellanos del siglo XVI sometieran a la práctica totalidad del continente americano en apenas unas décadas bajo el yugo y el haz de flechas hispánico

El conocimiento que tenemos del proceso histórico de la invasión se basa en pocas fuentes certeras, pues las principales son los cronicones musulmanes, las crónicas mozárabes, basadas en muchos casos en las fuentes árabes, y los romances y relatos cristianos, en muchos casos versionados, que se fueron produciendo a lo largo del tiempo. La mayoría de estas fuentes no soportan un mínimo análisis crítico, pero han conformado una versión “oficial” del proceso de la invasión musulmana. La novelada Crónica Sarracina o del Rey Don Rodrigo con la destrucción de España de Pedro del Corral, publicada en 1430, fue la obra que compendió todas las tradiciones y estableció la versión más aceptada. Versión, por otra parte, que está en revisión por los historiadores medievalistas; llegando algún autor, concretamente Ignacio Olagüe, a tildar esta invasión como un mito y a afirmar que lo que se produjo fue una revolución islámica en la península fruto del secular arrianismo visigodo.

No compete en este artículo entrar en este laberinto [por atractivo que fuera], y sí centrarnos en la versión más conocida y popular, pues a pesar de ser camino mejor diseñado no le faltan curvas, pendientes y túneles que le hagan interesante.

Para los musulmanes la conquista fue designio de Alá para extender la verdad revelada a su profeta Mahoma; lo normal, vamos. Para los cristianos era, cuanto menos incomprensible, que su Dios les abandonara de esa manera, y descorazonados se lanzaron a descubrir en los renglones torcidos la divina línea recta. Y sólo encontraron una explicación razonable: Dios los castigaba por sus pecados y la penosa reconquista sería su penitencia. Bien…, pero los pecados debieron ser terribles para tal castigo, en consecuencia sólo los pudo cometer lo más señalado de reino: el rey, que no era otro que un tal Rodorico, más conocido bajo la forma castellanizada de Rodrigo, que además tuvo que pecar de manera superlativa. La Historia nos ha presentado a este personaje como la personificación misma del pecado y del mal gobierno, que lejos de ocuparse del bienestar de su reino de sus súbditos y llevar una honrosa vida, se vio arrastrado por las bajas pasiones al más negro lodazal.

Pero…, ¡¿Qué hizo este hombre con consecuencias tan graves?!: pues, folgar con una bella mujer. Ya se sabe: “la jodienda no tiene enmienda”.

La cosa no debió ser tan simple vamos a ver quién era este buen señor. En principio Rodorico o Rodrigo era el gobernador (dux) de la provincia Bética del reino visigodo. A la muerte del penúltimo rey godo, que no era otro que un tal Witiza [otro qué vaya pieza], los nobles visigodos decidieron retomar la tradición germánica de la monarquía electiva en vez del modelo hereditario que poco a poco se había impuesto en la sucesión de los reyes. El hecho es que en el sínodo de Toledo de 710 los nobles, reunidos en cónclave, le nombran rey en contra del Agila, hijo de Witiza. Esto originará una guerra civil entre los partidarios de uno y de otro, Rodrigo controlará las provincias meridionales y los witicianos las más septentrionales. Hay relatos que dicen que el enfrentamiento entre las dos familias venía de antiguo, y ya Witiza encarceló y arrancó los ojos al padre de Rodrigo, Teodofredo, que era hijo del que fue rey godo Rescenvinto. Rodrigo, en venganza, se rebeló contra el rey y le venció en batalla y le envió preso (y también sin ojos) a Córdoba donde murió, proclamándose rey.


Sea como sea, el caso es que el nuevo rey se asienta en al palacio real de Toledo y allí comienzan a acudir los miembros de las familias de la nobleza que acuden como moscas golosas a la miel; una de ellas será su perdición. Pero no será por que no se le avisó, pues cuenta la leyenda que había una torre en Toledo que escondía en su seno el futuro de la monarquía y que todos los reyes godos se habían guardado escrupulosamente de violar su secreto, pues según la tradición el hacerlo traería la destrucción del reino. Popularmente se pensaba que escondía el más fabuloso tesoro que nunca vio ser humano.

Don Rodrigo, bien por avariciosote natural, bien porque necesitara fondos para guerrear, decidió descerrajar la puerta y hacerse con el tesoro si lo hubiera. De nada sirvieron las advertencias de los sabios y ancianos consejeros, Rodrigo estaba decidido, ni las maldiciones ni las consejas de viejas de duendes y fantasmas le amedrentaron.

Ante la vacilación de los guardias y soldados, él mismo dio el postrero empujón a la reja de hierro y bajo la luz de las teas avanzó temeroso y vacilante; pero pudo más la avaricia que el miedo y a la postre llegó adonde había un cofrecillo encima de una hermosa mesa de alabastro. Abrió tembloroso el cofre esperando encontrar algo de valor y lo que halló fue un lienzo con figuras de fieros jinetes armados de sables y lanzas tocados de turbantes con el siguiente lema:

Rey necio: mira los hombres que te arrojarán del trono y subyugarán tu reino


De inmediato comenzaron las figuras a tomar vida y comenzaron a girar en la sala: los relinchos y los cascos de los caballos se confundían con las trompetas, las cajas y los timbales; y los gritos de guerra atronaban bajo los golpes de sables y silbos de saetas,... todo en espantosa algarabía. El rey aterrorizado, se precipitó fuera de la torre y ordenó volver a poner las cancelas y sellar las puertas. Ya era demasiado tarde: pecó aquí el pobre Rodrigo de avaricioso y de soberbio; no serán sus únicos pecados.

Como las desgracias no vienen solas este hombre pilló la sarna y para curarle una joven cortesana acudía todos los días a limpiarle las costras de los comezones, lo que hacía la bella con delicadeza y primor, dicen que con un alfiler de oro. No sabemos hasta dónde le alcanzó la infección, pero una picazón singular en salve qué parte le debió entrar al buen Rodrigo que se quedó prendado de la hermosa doncella. Parece que el rey alargó la enfermedad todo lo que pudo y en este tiempo se las ingenió para verla desnuda lo que le obnubiló por completo el seso y el sexo, y la obsesión de poseer lo que no era suyo no paró hasta que folgo con ella. Para algunos el fornicio fue consentido por la joven bajo la falsa promesa de matrimonio; para otros, simple y llanamente el rey la forzó iracundo tras el pertinaz y reiterado rechazo de la joven. La envidia, la ira y la lujuria cayeron al cesto de los pecados.

Así nos lo cuenta Fray Luis de León en su Oda VII. La profecía del Tajo (Incluido en: Poesía. Fray Luis de León. Ed. Juan Francisco Alcina. Ediciones Cátedra, S.A. Colección Letras Hispánicas, 184. Octava edición de 1997.)

Folgaba el Rey Rodrigo

con la hermosa Cava en la ribera

del Tajo, sin testigo;

el río sacó fuera

el pecho, y le habló desta manera:


«En mal punto te goces,

injusto forzador; que ya el sonido

oyó, ya y las voces,

las armas y el bramido

de Marte, de furor y ardor ceñido.


¡Ay! esa tu alegría

qué llantos acarrea, y esa hermosa,

que vio el sol en mal día,

a España ¡ay cuán llorosa!,

y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!


Llamas, dolores, guerras,

muertes, asolamientos, fieros males

entre tus brazos cierras,

trabajos inmortales

a ti y a tus vasallos naturales;


a los que en Constantina

rompen el fértil suelo, a los que baña

el Ebro, a la vecina

Sansueña, a Lusitaña:

a toda la espaciosa y triste España.

Se llamaba esta joven Florinda, si bien se la conoce como La Caba, y era hija del conde Julián, señor de Algeciras y noble de intachable conducta hasta entonces [evidentemente, el elemento dramático no permite que fuera de otra manera] que defendió con valor y fidelidad las plazas visigodas del norte de África frente a las belicosas tribus bereberes que incordiaban (desde siempre: antes y después de convertirse al Islam) esta frontera del reino. Ni qué deciros, el cabreo que debió de coger este don Julián cuando se enteró de la afrenta [de curiosa manera, pues lo dedujo de un huevo podrido que le envió la desdichada], pero este prudente caballero hizo como si la cosa no fuera con él y sin decir nada ni montarle el poyo al picajosos rey, sacó de la corte a su hija con excusas y se retiró con todos sus bienes a la plaza de Ceuta, donde ejecutó su venganza.

Habló don Julián con el gobernador árabe de Túnez, Musa ibn Nusair [al que luego se conoció como el “moro Muza”], y le propuso la conquista del reino cristiano merced a su conocimiento del estado de ruina del reino. Musa, que no debió de fiarse del todo, mandó una avanzadilla de saqueo al mando del comandante bereber Tarif Abu Zara, quien con el conde Julián desembarcaron en Tarifa en la primavera del 711 (el 27 de abril afirman en algunos sitios) y asolaron Algeciras logrando un espléndido botín.

Los historiadores han explicado esta narración como una llamada de ayuda de los viticianos a los bereberes, quienes acudieron gustosos y presurosos. Ciertamente veremos que, bien por acción o por omisión, los viticianos favorecerán la penetración de los bereberes (capitaneados por árabes, eso sí) en la península.

El caso es que Tarif marchó a Túnez a contar a su emir lo sucedido, y dejó al mando a Táriq Ibn Ziyad con la instrucción de aprestar un nuevo y más numero ejército que repitiera la incursión peninsular. Lo que así se hizo; desembarcando en Gibraltar (el monte de Tariq, en árabe: Chabal Táriq) con una tropa ya bastante numerosa. Cuando llegaron las nuevas al rey Rodrigo, en vez de lanzarse presuroso a la defensa de su reino y repeler con fuerza y determinación a los invasores, indolente y remolón prefirió mandar a su sobrino Íñigo, quien sufrió la primera derrota cristina en la península en abril de 711 encontrando además la muerte. La pereza entra en la cuenta de pecados, pero lo cierto es que el hombre debía de estar enfrascado en al pelea fraticida con los nobles que apoyaban a los viticianos allá por el norte peninsular.

Estos dos desembarcos en muchas versiones se funden en uno sólo, y en general los historiadores tienden a no dar crédito al primero de Tarif Abu Zara. Pero si hay más acuerdo entre los historiadores en considerar que tras estos primeros escarceos y convencidos de la veracidad de las informaciones del conde Julián, los musulmanes decidieron preparar un desembarco en regla y comenzaron a llegar en oleadas hombres armados a las costas visigodas. Tras conocer este desembarco y la derrota de su sobrino, parece que el rey Rodrigo alcanzó un pacto con los viticianos para unir sus fuerzas frente al invasor y en el camino hacia el sur las hordas visigodas fueron levantando hombres suficientes para detener la invasión.

Así fue el desembarco para Fray Luis de León:

Ya dende Cádiz llama

el injuriado Conde, a la venganza

atento y no a la fama,

la bárbara pujanza,

en quien para tu daño no hay tardanza.


Oye que al cielo toca

con temeroso son la trompa fiera,

que en África convoca

el moro a la bandera

que al aire desplegada va ligera.


La lanza ya blandea

el árabe cruel, y hiere el viento,

llamando a la pelea;

innumerable cuento

de escuadras juntas veo en un momento.


Cubre la gente el suelo,

debajo de las velas desparece

la mar; la voz al cielo

confusa y varia crece;

el polvo roba el día y le escurece.


¡Ay!, que ya presurosos

suben las largas naves. ¡Ay!, que tienden

los brazos vigorosos

a los remos, y encienden

las mares espumosas por do hienden.


El Eolo derecho

hinche la vela en popa, y larga entrada

por el Hercúleo Estrecho

con la punta acerada

el gran padre Neptuno da a la armada.

Los visigodos llegaron a las tierras del litoral al principio del verano de 711 y se encontraron con las tropas musulmanas, gobernadas por el conde don Julián y Tariq, en el río Guadalete. Se formaron tres cuerpos de ejército, los flancos a la orden de los hijos de Witicia, Sisberto y Oppas, y la manguardia comandada directamente por el rey. El combate duró una semana y terminó el 26 de julio con la derrota y muerte de Rodrigo. Según la tradición, la derrota se debió a la traición de los viticianos que tras convenir con Tariq que se les respetaría su estatus y que se les devolverían todas las posesiones de su padre, desertaron del ejercito godo, abandonando a su suerte a su fraternal enemigo Rodrigo en lo más enconado de la batalla.


Fray Luis nos cuenta la batalla de esta manera:

¡Ay, triste! ¿Y aún te tiene

el mal dulce regazo? ¿Ni llamado

al mal que sobreviene,

no acorres? ¿Ocupado,

no ves ya el puerto a Hércules sagrado?


Acude, acorre, vuela,

traspasa la alta sierra, ocupa el llano;

no perdones la espuela,

no des paz a la mano,

menea fulminando el hierro insano.»


¡Ay, cuánto de fatiga,

ay, cuánto de sudor está presente

al que viste loriga,

al infante valiente,

a hombres y a caballos juntamente!


Y tú, Betis divino,

de sangre ajena y tuya amancillado,

darás al mar vecino

¡cuánto yelmo quebrado,

cuánto cuerpo de nobles destrozado!


El furibundo Marte

cinco luces las haces desordena,

igual a cada parte;

la sexta, ¡ay!, te condena,

¡oh, cara patria!, a bárbara cadena.

La muerte de este rey también está acompañada de una áurea misteriosa, pues jamás se encontró su cadáver; aparecieron sus ropas, su corona de oro, su bandera y estandarte, su armadura, su espada y su lanza, incluso su caballo, Orelia, pero nunca apareció su cuerpo. Con el tiempo, cuentan algunas crónicas, que apareció un tumba en Viseu (Portugal) con al inscripción Aquí yace Rodorico, rey de los godos. Pero hoy por hoy se desconoce absolutamente dónde puedan estar los restos del rey Rodrigo.

De igual forma, también se pone en duda que la batalla tuviera lugar en los márgenes del río Guadalete y se han propuesto otras muchas localizaciones del Wadi Lakk (río del Lago) de las fuentes árabes: río Barbate, laguna de La Janda, el mismo Barbate, río Sidonia, etc. Parece que queremos emular a los antiguos galos y modernos gabachos y enterrar en el olvido el lugar de tan ignominiosa derrota, igual que ellos hicieron con la ignota Alesia.

A partir de aquí, el reino visigodo se desmoronó como un castillo de naipes. Destacar que algunos miembros de la familia de los viticianos facilitaron la penetración árabe-berebere, en particular el arzobispo de Toledo Oppas (que también lo había sido de Sevilla), contribuyendo a la sospecha de que hubo tratos de esta facción con los musulmanes, pero tampoco consta que estos exigieran a los musulmanes que cumplirán ningún acuerdo. Bien es cierto que muchos nobles visigodos (incluidos algunos príncipes de la Iglesia) abrazaron con fervor la religión de los vencedores y con ellos el resto de la población; pero algo parecido habían hecho ya con Hermenegildo cuando renunciaron a su arrianismo para abrazar el cristianismo romano.

La falta del cadáver de este último rey godo dio origen a una varias leyendas, entre la más conocida está la que cuenta que derrotado y humillado se refugió en las montañas donde encontró a un ermitaño con el que se confesó del incestuoso pecado que había cometido. No queriéndole absolver el ermitaño por la gravedad del pecado, se oyó una voz que le pedía al ermitaño que le absolviera con la penitencia adecuada. Ni corto ni perezoso y con bastante mala leche, el ermitaño le puso de penitencia tapiarlo vivo con una culebra de siete cabezas. De cuando en cuando se acercaba el ermitaño a preguntar por el estado del infausto rey, y en una de estas le contestó Rodrigo el penitente:

Vame bien, que la culebra

a comerme ha comenzado,

ha comenzado a comerme

por donde más he pecado.

Del pito llegó al corazón y así encontró Rodrigo el perdón de sus pecados, y las campanas tañeron diciendo:

¡Dichoso del penitente

que para el cielo camina!

Así acabó este rey que atesoró en vida todos los pecados capitales. Es cierto que la gula no aparece en el relato, pero quién nos dice que cuando miraba con ojos libidinosos a la exuberante Florinda bañarse desnuda en el esguazo del Tajo, Rodrigo no se estaba metiendo entre pecho y espalda una sabrosa perdiz a la toledana (por ejemplo).

Aquí el romance Penitencia de Rodrigo completo

Don Rodrigo estaba malo,

cama de rosas tenía,

la Muerte a su cabecera

haciéndole compañía.

—Por Dios te pido, la Muerte,

año y medio más de vida.

—Sólo te dejo, Rodrigo,

hora y media no cumplida.

Por el Val de las Estacas

va Rodrigo en aquel día,

relumbrando van sus armas

como el sol de mediodía.

Bajó unas vegas abajo,

subió unas sierras arriba,

donde cae la nieve a copos

y el agua menuda y fría,

donde canta la culebra,

la sierpe le respondía,

y se encontró a un ermitaño

que vida santa allí hacía.

—Por Dios te pido, ermitaño,

por Dios y Santa María,

que me digas la verdad

y me niegues la mentira:

el que duerme con mujeres

si tiene el alma perdida.

—El alma perdida, no,

no siendo hermana o prima.

—Ésa fue la mi desgracia,

ésa fue la mi desdicha,

que dormí con una hermana

y una prima que tenía.

Confiésale, el ermitaño,

por Dios y Santa María.

—Confesado ya estás, hijo,

yo absolverte no podía;

el que duerme con hermana

se condena en la otra vida.

Estando en estas razones,

una voz del cielo oía:

—Absuélvelo, confesor,

absuélvelo, por tu vida,

y dale de penitencia

conforme lo merecía.

Lo metiera en una tumba

con una culebra viva,

de siete varas de largo,

siete de cola tendida;

la culebra era muy brava,

siete cabezas tenía.

El bueno del ermitaño

tres veces iba allí al día:

una iba a la mañana,

otra iba al mediodía,

otra iba por la tarde

cuando oscurecer quería.

—¿Cómo te va, penitente,

con tu mala compañía?

—La compañía era buena,

mejor que yo merecía.-

—¿Cómo te va, penitente,

penitente aventajado?

—Vame bien, que la culebra

a comerme ha comenzado,

ha comenzado a comerme

por donde más he pecado.

Ya me llega al corazón,

que era lo que más sentía,

si me quieres ver morir,

trae una luz encendida.

Campanas de siete torres

de par en par se tañían.

¡Dichoso del penitente

que para el cielo camina!

Referencias en la red:

http://jimeneydas.blogspot.com/2008/02/romance-del-rey-rodrigo.html

http://cuestadelzarzal.blogia.com/2007/011201-penitencia-de-rodrigo.php

http://www.museoferias.net/julio2001.htm

http://www.fortunecity.es/arcoiris/chacra/174/rey.html

http://www.scribd.com/doc/20058904/Leyenda-del-Rey-Rodrigo

http://www.fley.finalternativo.com/blog/index.php?/archives/14-Rodrigo,-el-ultimo-rey-godo.html

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rodrigo.htm

http://www.almendron.com/historia/medieval/invasion_arabe/invasion_11.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Rodrigo

http://members.fortunecity.es/edepaz/visigodos.htm

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Rodrigo, el último rey de los godos. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/06/13/rodrigo-el-ultimo-rey-de-los-godos/). 2010

lunes, 24 de mayo de 2010

Los primeros años de la Casa de Locos de Leganés

La Casa de Dementes de Santa Isabel se inauguró en el mes de diciembre de 1851 al amparo de la Ley de Beneficencia de 1849. Con esta institución sanitaria se pretendía dotar a la capital de España de un centro de acogida de locos, del cual carecía, y formaba parte de un ambicioso proyecto que contemplaba la construcción de seis centros hospitalarios en todo el reino que atendieran convenientemente a este grupo marginal de enfermos. Lo cierto es que tan sólo se llevó a cabo el de Leganés y su realidad se alejó mucho de los objetivos iniciales.

El centro debe su nombre a la reina Isabel II, y esto no es baladí pues nació con la pretensión de convertirse en un centro modélico para todo el país; pero lo cierto es que la elección de Leganés y de las antiguas casas que pertenecieron a los duques de Medinacelli tenían un marcado carácter de provisionalidad, pues lo planeado en origen era un hospital de nueva planta.

Las casas fueron compradas en noviembre de 1850 por la Junta Provincial de Madrid a Juan Gómez por 85.000 pesetas, y tras varias reformas para conformar dos pabellones diferenciados para hombres y mujeres, abrieron sus puertas a sus 44 primeros enfermos (22 de cada sexo) en el mes de abril de 1852. Durante estos primeros años la gestión y dirección del centro estuvo en manos de personal religioso: la asistencia a los enfermos por religiosas de las Hijas de la Caridad, y la dirección del centro en manos de un presbítero denominado Rector; el personal sanitario tenían un papel secundario en la gestión, siendo el primer médico de la institución José María Miranda. Hasta 1856, no encontramos a un médico al frente de la institución. Evidentemente este condicionante marcó el carácter de asilo de la Casa de Dementes de Leganés.

Pronto se vieron las deficiencias del centro y en 1859 se abrió concurso para la realización de un nuevo manicomio modelo para Madrid dadas las claras deficiencias del de Leganés (localidad pequeña, carencia de suministro de agua potable, comunicaciones deficientes, etc.); pero nunca pudo llevarse a cabo. En 1871, cuando su población residente triplicaba las previsiones y cuando ya había dejado de ser manicomio modelo de carácter nacional, se encargó un proyecto de reforma general del centro para que pudiera acoger de forma adecuada a 300 enfermos. Las dificultades económicas relegaron la reforma general al olvido.

Así, las condiciones continuaron degradándose a ojos vistas y el centro psiquiátrico de Leganés se convirtió en el foco de las más duras críticas que llegaban desde reconocidos profesionales de la psiquiatría hasta literatos como Benito Pérez Galdós. La Casa de Dementes de Leganés que nació con la pretensión de ser un centro hospitalario de referencia llegó al siglo XX más como una institución benéfica que como un centro sanitario. Sus condiciones higiénicas (el abastecimiento de agua potable no llegaría hasta 1912) y sus deficiencias estructurales hicieron inviable cualquier intento de mejora, pues como dijo Eduardo Viota, que fue administrador del centro desde 1884 hasta 1896:

Si los locos mismos lo trazaran y lo construyeran a su antojo, no lo concibieran en tan abigarrada deformidad


La bibliografía existente sobre el Hospital Psiquiátrico de Leganés es abundante, pero para todo aquel que quiera profundizar en su historia quiero recomendar los dos artículos que han servido de guía para esta reseña, ambos de la psiquiatra Olga Villasante, que ejerce su profesión en los dos hospitales de Leganés:

VILLASANTE, Olga. El manicomio de Leganés. Debates científicos y administrativos en torno a un proyecto frustrado. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 1999, vol. XIX, nº 71, pp. 469-479

VILLASANTE, Olga. Dossier: El manicomio nacional de Leganés: una aproximación histórica a partir de su archivo clínico. FRENIA, 2008, vol. VIII, pp. 33-68

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 9, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Los primeros años de la Casa de Locos de Leganés. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/05/24/los-primeros-anos-de-la-casa-de-locos-de-leganes/). 2010

Anita. Bordadora de Sueños

Ana, Anita, junto con Ángel, llegaron a Leganés en 1975 como tantos y tantos, pero a diferencia de la gran mayoría de los que acudieron por entonces no se trataba de una pareja de jóvenes ilusionados ante un futuro sin duda amenazador pero igualmente prometedor; en este caso ambos sobrepasaban ya la edad de los sesenta años y su vida en muchos caso parecía de novela.

Anita, nacida en Bilbao en 1613 había conocido la República, la Guerra Civil, que se llevó a un hermano, los campos de refugiados, el exilio francés, la clandestinidad política e incluso la cárcel por defender la libertad y la democracia desde el Partido Comunista de España frente al régimen franquista. En Leganés vivirá la muerte del dictador y el renacer de la esperanza y de la democracia de los años de la transición. Fueron años apasionantes en los cuales Anita retomará su actividad política desde el partido, el sindicato o las entidades vecinales o ciudadanas de la que formó parte; fueron años en los que vivirá momentos muy felices junto a grandes desengaños.

En el Leganés de entonces no había casi de nada; era una ciudad por hacer: colegios, ambulatorios, alcantarillas, transporte,… Y a esa labor se pusieron muchos, y entre ellos Anita que en todos los años que vivió en Leganés siempre mantuvo un gran compromiso cívico, fruto de sus convicciones políticas, con la ciudad, lo que condujo a que años más tarde se le concediera la medalla de plata de la ciudad, el galardón ciudadano más importante que concede el Ayuntamiento de Leganés y que, de alguna manera, recogía la enorme gratitud que la teníamos de todos los que la conocimos y aprendimos de ella y con ella.

No sé qué faceta destacar más si su lado más familiar y humano, si su capacidad de entrega y de trabajo, si su valía intelectual, si su compromiso con los más necesitados, o su versatilidad y disposición. Seguro que todos los que compartieron algo con ella guardan en su memoria recuerdos amables y positivos, pues incluso en los momentos más difíciles, cuando sus decisiones no fueron entendidas por algunos, supo estar a la altura.

No he querido poner ningún nombre de persona en esta semblanza más allá de el de Ángel, pues sería infinito el número que por una u otra razón deberían aparecer; pues allá por donde pasó Anita dejó amigos y deudos, como tuvo la suerte de comprobar en el homenaje que un buen número de amigos compartimos con ella hace ya unos años.

Por último, destacar algo que debería ser más conocido y valorado, pues todos los leganenses somos poseedores de una obra original de Picasso merced a la donación que Anita hizo a la ciudad del libro de firmas de la Unión de Mujeres Españolas en el Congreso de Partidarios de la Paz de 1949 en París que cuenta entre sus páginas el dibujo original del pintor malagueño que reproducimos.

Algo es seguro, con más gente como Anita el mundo sería diferente y... mejor.

Al olivo le creció

una rama

más allá que las demás.

Sólo ella

con sus aceitunas nuevas

puede contemplar el valle.

Yo,

sólo a ella

Rafael Alberti

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 9, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Anita. Bordadora de Sueños. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/05/23/anita-bordadora-de-suenos/). 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

La Kaaba y la Piedra Negra

Cuando he visitado algunos lugares sagrados de peregrinación, y a pesar de mi agnosticismo, siempre he sentido un cierto sobrecogimiento generado por el lugar, su entorno y el ambiente de espiritualidad que se respira, tan sólo enturbiado por el cada vez más presente turismo religioso de tropel, que de seguir así pronto acabará con estos lugares en lo que tienen de misticismo.

El caso es que he podido visitar algunos de ellos, pero acabo de enterarme de que nunca podré conocer uno sobre el cual tenía un gran interés: La Kaaba, en La Meca; so pena de una conversión al Islam, pues este lugar está vetado para los no musulmanes desde que lo prohibiera el mismo Mahoma en el 630, rompiendo con las garantías para los peregrinos que existían anteriormente y con la característica de asilo que tenía esta ciudad. Y parece que la ruptura de esa regla se paga muy caro[1] [sin ir muy lejos, en Google Earth la zona está difuminada].

En principio decir que La Kaaba es un edificio que debe su nombre: El Dado, El Cubo, a su forma y que sus esquinas están orientadas hacia los puntos cardinales. Está ubicado en La Meca, ciudad sagrada del Islam y lugar de nacimiento de Mahoma, en la península arábiga. Y para los musulmanes, su importancia es equiparable a la del Templo de Salomón en Jerusalén para los judíos, o a la de la Basílica de San Pedro en Roma para los católicos.

Para los musulmanes es la morada de Dios: Baitullahi-l-haram, (la casa sagrada de Alá) y la consideran la primera obra de la creación. alrededor de este edificio se construyó en el siglo VIII la mezquita de Al-Haram. Bajo estas premisas, la peregrinación a este lugar santo es uno de los cinco pilares básicos del islamismo y todo buen musulmán siempre que pueda debe acudir, al menos, una vez en su vida en peregrinación para santificarse. Sobre el momento de peregrinar y los rituales de peregrinación hablaremos en otro momento pues son de gran interés y en muchos aspectos son evidentes sus raíces paganas pre-islámicas que fueron adaptadas (purificadas) por Mahoma.

En este post quiero centrarme en La Kaaba y en la Piedra Negra. Lo primero es señalar que en origen se trata de una construcción pre-islámica, pues desde bien antiguo era un edificio sagrado, pero sin advocación concreta, que albergaba, en buena armonía (se habla de que había 360 ídolos), a la infinidad de deidades que las tribus árabes adoraban antes de que Mahoma predicara las revelaciones que tuvo de Dios. El geógrafo Tolomeo cita la ciudad de La Meca (bajo el nombre de Macoraba) ya en el siglo II, lo que hace suponer que ya existiera un templo semita en el lugar, según algunos autores dedicado al dios Hubal [¿Hubal?,... ¡¿Tubal?! ¡No dejéis de ver las coincidencias siempre curiosas de la Historia en el post: Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis), en este mismo blog!].

Se trata de un edificio que en su interior no contiene nada, excepto un buen número de lámparas y candelas de oro y plata y las tres columnas que soportan la techumbre de madera. Su fábrica es de sillares de granito muy sencilla y humilde, si bien con el tiempo se han ido añadiendo elementos más suntuarios: así, el interior está forrado en paredes y suelos de mármol y la puerta y el canalón son de oro. Sus dimensiones reales son: 10,67 m de ancho, por 12,19 de largo, y 15,24 m de altura. Tiene una pequeña puerta en uno de sus laterales, elevada del suelo dos metros, por la que se accede al interior y en su esquina oriental está encastrada en plata la venerada Piedra Negra. El edificio está siempre cubierto por una tela de seda negra, la Kiswa, que se renueva anualmente. Esta tela presenta una franja de textos del Corán, escritos en oro, que suelen hacer referencia a la Unicidad de Dios. Los musulmanes deben postrarse en dirección a La Kaaba (Alquibla) en el momento de realizar las cinco oraciones rituales diarias; si bien hay que señalar que no siempre fue así, pues en un principio Mahoma señaló que las oraciones debían dirigirse hacia Jerusalén (Alquibla Alqadima, Alquibla Antigua) pero cambió la dirección después de que los judíos se negaran a aceptarlo como profeta.

La tradición musulmana recogida expresamente en el Corán dice que la Kaaba fue construida hace 4.000 años por Abraham (Ibrahim) y su hijo Ismael (Ismail) en el mismo lugar donde Adán edificó el primer templo o morada de Dios que fue milagrosamente izado a los cielos antes del Diluvio Universal. También colocaron en la esquina oriental del edificio la Piedra Negra que les entregó el arcángel Gabriel. Una vez que estuvo terminado el templo, Alá ordenó a Abraham que convocase a toda la humanidad para visitar la Kaaba. Es por ello que cuando un musulmán la visita, exclama: “¡Heme aquí: Ho, Señor!.” Mahoma recoge en el Corán los relatos populares existentes que hablaban del viaje de Abraham a La Meca, si bien existían más relatos y leyendas, con seguridad provenientes de los grupos judíos de Arabia: por ejemplo, que en la zona estaba el sepulcro de Eva.

Para los musulmanes, La Kaaba es la representación de la Osa Polar y por lo tanto el centro del Universo, en una visión un tanto exotérica, y la ubicación geográfica del corazón de la humanidad en una lectura más mística. Se trata del vínculo que une el mundo superior con el inferior y que fue el lugar de encuentro de los padres de la humanidad: Adán y Eva. En los giros rituales los fieles se integran en el torbellino cósmico y así, Dios, el Creador, los acoge en su morada de paz.

La Piedra Negra está engastada en un bloque de plata que aglutina todos los fragmentos que resultaron después de que estallara debido al calor provocado por un incendio en el año 683. Se trata de una pieza de basalto negro con posible origen volcánico de unos 30 cm. La piedra fue robada en 930 y restituida veinte años después. Para los fieles musulmanes la Piedra Negra es un meteorito extraterrestre (para algunos es un trozo de la estrella Osa Polar) y le fue entregada a Abraham e Ismael por el arcángel Gabriel en la colina de Abu Qubays, quienes la empotraron en el lugar que actualmente ocupa (en la esquina oriental de La Kaaba a 1,40 m de altura) y que marca el inicio y final de cada una de las siete vueltas rituales que cada peregrino debe dar a La Kaaba como los ángeles lo hacen en torno a Dios. Los peregrinos intentan besarla o tocarla en señal de veneración, pero nunca de adoración; ni siquiera es el punto de postergación, pues lo es cualquiera de La Kaaba. Los musulmanes dicen que la piedra descendió a la tierra más blanca que la leche, pero los pecados de los hijos de Adán la volvieron negra.

En la cercanía de La Kaaba está la fuente de Zem-Zem que fue obra del ángel que se apiadó de Agar, la esposa verdadera (para los ismaelitas) o la esclava concubina (para los judíos) de Abraham, que fue maltratada por Sara (“la otra” para unos y “la señora” para otros) y tuvo que vagar con su hijo Ismael por el desierto, hasta que recaló en La Meca donde pudo remediar su sed fatal gracias al agua que hizo brotar el ángel en la explanada en que se encuentra La Kaaba. Igualmente en esta plaza está la piedra (Makam Ibrahim) que, según la tradición, conserva la impronta de los pies del mismísimo Abraham. También en los alrededores de la mezquita están enterrados muchos de los profetas, incluido el propio Ismael, hijo de Abraham.

La participación de Abraham en la reconstrucción de La Kaaba tiene un claro valor simbólico para el Islam, al presentarse como la vuelta a la pureza religiosa primitiva que había quedado mancillada por los errores de los judíos y de los cristianos. Pero el verdadero valor sagrado de La Meca es ser el lugar elegido por Dios para hacer la revelación y La Kaaba representa la unidad del mundo musulmán a pesar de las diferencias doctrínales entre unas corrientes u otras (en especial entre los chiítas y los sunitas).



El místico musulmán Abu Yazid al-Bista, dice hablando de este lugar santo:

El santuario está allí donde se encuentra la contemplación. Todo el universo no es para el hombre más que un lugar de encuentro donde se acerque a Dios y una escondida cámara donde goce del trato frecuente con Dios. Él es extraño al amor de Dios, no obstante, en cuanto que participa de la visión de Dios, todo el universo es su santuario.

Quería acabar con estas sabias palabras cuando descubrí por azar que el hotel más alto del mundo está en La Meca, justo enfrente de la plaza de la mezquita de Al-Haram y está construido por el grupo Bin Laden (imagino que debe ser la familia del infausto que todos conocemos). El hotel se llama "The Makkah Clock Royal Tower" y sus cifras son mareantes: 577 metros de altura, 76 plantas, 858 habitaciones, y un superreloj 40 veces mayor que el Big Ban londinense que será visible a ¡17 km! de distancia. Además, dispondrá de un observatorio lunar y un museo islámico; todo dentro de un megalómano proyecto del rey saudita de mejorar los santos lugares.

Religión y negocio; nada nuevo bajo el sol.
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Dos vídeos curiosos de La Kaaba

Lluvia y tormenta eléctrica en La Meca. Harram Dhul-Qiddah 1429 / noviembre de 2008



Visión futurista de La Meca en la cual se mantiene La Kaaba y... ¡el hotel!




Referencias en la red:



© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Kaaba y la Piedra Negra. http://elartedelahistoria.wordpress.com. 2010

(OGH27H)


[1] Richard F. Burton (1821-1890) fue el primer no musulmán del que se tiene conocimiento que entró en la Meca a riesgo de su vida en 1853, gracias a un disfraz y a sus conocimientos de árabe.

martes, 9 de marzo de 2010

La caballería villana

La caballería villana es una institución militar típicamente hispánica que se desarrolló en el medievo en los reinos de Castilla y de León y, en menor medida, en el de Portugal. Tuvo un importante desarrollo en la Extremadura castellana (la tierra que se abre entre el río Duero y el sistema Central) durante los siglos X y XI, y en particular con la repoblación que lleva a cabo Alfonso VI, en cuyo proceso se estableció un modelo social y político basado en extensos concejos municipales fundados bajo diversos fueros concedidos por los reyes castellanos para favorecer su repoblación y en los que se contemplaba la creación de milicias populares para la defensa de la villa y de su alfoz. El fuero más antiguo que se conoce, el de Castrojeriz en 974, ya contempla esta figura.
En general, se trataba de una milicia concejil formada por soldados de a pie o peones, ballesteros y soldados a caballo que las poblaciones debían prestar al rey cuando este necesitara de ellas de acuerdo al deber de auxilium que contraían las poblaciones en sus fueros. Todos los integrantes de la milicia se obligaban a mantener completo y en buen estado su armamento.

El valor específico de esta caballería villana radicaba en que para ostentar el rango de caballero no se exigía poseer un origen noble, tan sólo tener los recursos suficientes para mantener al menos un caballo y el armamento completo y necesario para el combate, además, claro está, de residir en el concejo. Se les conocía comúnmente como los “caballeros pardos” por el color de su indumentaria. El nombramiento de estas tropas correspondía a los alcaides de los distintos concejos. Al tratarse de poblaciones de repoblación los caballeros villanos eran agricultores y ganaderos pudientes (se estima que a finales del s. XI el mantenimiento de un soldado a caballos consumía la renta generada en 150 hectáreas de tierra) que además solían ocupar los oficios municipales.

Al objeto de hacer apetecible conseguir este estatus, a los caballeros villanos se les otorgaban ciertos privilegios; así, ni el caballo ni el armamento podía ser embargado por deudas y estaban exentos de algunos impuestos, en concreto el de yeguada; incluso tras la muerte del caballo, si ocurría en un lance de guerra, se les permitía un tiempo para volver a hacerse con otro animal; gozaban de un estatuto jurídico especial que reducía las penas para los caballeros respecto a los peones para ciertos delitos, y en los juicios podían exigir la presencia del alcaide: además, el carácter de caballero villano se extendía a los hijos y lo mantenía la viuda mientras que no contrajera nuevo matrimonio.

Con el avance de la reconquista y debido a su valor estratégico (caballería de carga con lanza) en la guerra contra el musulmán la caballería villana aumentó considerablemente su importancia y en consonancia su presencia política e institucional. De la misma forma, los caballeros villanos fueron aumentando sus privilegios hasta equipararse de hecho con la baja nobleza tradicional castellana de las poblaciones al norte de Duero: los infanzones, que por su parte fueron perdiendo importancia social según se ampliaba el territorio dominado por los reyes cristianos.

Este cuerpo militar se caracterizó entonces por una gran apertura y permitió una movilidad y ascenso social inusual en otros lugares europeos, si bien existieron grupos sociales parecidos como son los “yoeman” en Inglaterra o los “kulak” en Rusia. También es el origen de la idea, un tanto mítica, de una Castilla medieval de hombres libres ajenos a las prácticas feudales. La realidad no fue tan idílica y pronto estos caballeros villanos pretendieron emular y equipararse a los caballeros de linaje y para eso había que cerrar o dificultar al menos el acceso al grupo. Así, en el siglo XII, bajo el reinado de Alfonso X, se produce el reconocimiento jurídico del status privilegiado de la caballería villana; lo que viene a reconocer de iure una situación de facto obtenida merced al poder económico y político que habían logrado estos caballeros villanos.

Este hecho ha generado un debato historiográfico entre historiadores: los que piensan que este acto jurídico cerró el acceso al grupo; y los que mantienen que aún mantuvo su permeabilidad hacia quien cumpliera sus requisitos básicos: mantener caballo y armas. En cualquier caso, lo que parece claro es que se comenzaron a crear instituciones comunales que favorecieron la oligarquización del grupo. Las cofradías y hermandades son un buen ejemplo de ellas, pues en sus estatutos se solían incluir requisitos para ingresar que iban más allá que ostentar la condición de caballero villano, así se pedía pertenecer a ciertas familias y linajes. Un elemento de gran significación fue que desde el s. XIII los caballeros villanos comenzaran a percibir soldadas como la caballería de linaje.

Este afán en alcanzar la condición nobiliaria se produjo durante los siglos XII y XIII y tuvo resultados muy dispares entre unas ciudades y otras; y si estos caballeros villanos tuvieron que defender sus intereses frente a la antigua hidalguía de linaje y los infanzones, según avanza la reconquista serían estos antiguos caballeros villanos, trasformados muchos ya en “hidalgos de linaje”, los que se verán acometidos por la nueva forma de acceso a la baja nobleza que representaba los caballeros de cuantía o de alarde de los siglos XIV y XV en las ciudades de Castilla y en particular las situadas más allá de Despeñaperros. La proliferación de hidalgos en las ciudades de la Extremadura castellana y leonesa en los siglos XV y XVI sólo puede explicarse buscando su origen en la caballería villana.



Durante el siglo XIV la asimilación producida entre la caballería de linaje y la villana había transformado a esta última de tal modo que era notable su ineficacia guerrera. Ante esta situación se crea la caballería de cuantía o de alarde que se recoge en el ordenamiento de Alcalá de 1348 con el establecimiento de la obligación para todo el reino de mantener caballos y armas según la cuantía de los bienes de los subditos.

Destacar, por último, que la caballería popular castellana, en su versión villana o de alarde, participó de forma muy notable en las grandes batallas medievales: Uclés (1086), Alarcos (1195), Las Navas de Tolosa (1212) y del Salado (1340) donde tuvo su canto del cisne, pues a partir de la extensión del uso de la pólvora y de la artillería comienza el fin de este cuerpo. En los años siguientes la infantería pasará a ser la pieza fundamental en la guerra y relegará a la caballería del papel primordial que tuvo en la Edad Media.



Poderoso caballero es don dinero

hace de villanos caballeros

y de caballeros... villanos.

(...)

Francisco de Quevedo y Villegas

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Referencias en Internet:

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La caballería villana. (http://elartedelahistoria.wordpress.com). 2010

(OGH26H)